
Este el primer artículo de una serie, dedicado a las nociones básicas que debe manejar todo aquel que esté interesado en iniciarse en la política y quienes simplemente deseen aclarar sus propias ideas o busquen ubicarse dentro del espectro político actual en el Perú.
¿Derecha o izquierda? La toma de posición del futuro candidato.
Fórmula infalible para perder cualquier proceso electoral en el Perú y Latinoamérica es adscribir abiertamente una posición “de derecha”. Y es que, si bien la enorme mayoría de electores ignora qué significan realmente los términos “izquierda” y “derecha”, vinculan la posición derechista principalmente como “defensora de los ricos y de los poderosos” en contraposición a la izquierda o socialismo, supuestamente, “a favor de los pobres”.
Esta creencia popular ha sido “machacada” a los peruanos en sucesivos procesos electorales por el APRA y los partidos de izquierda, principalmente en las elecciones de 1985, 1990, 2001 y 2006 (el fujimorato –elecciones de 1995 y 2000- tuvo características muy particulares), en las que apristas, izquierdistas, nacionalistas y hasta acciopulistas, se dedicaron a tachar a “la derecha” (PPC, Unidad Nacional), como reaccionarios, defensores de privilegios y adversarios de la justicia social. El propio PPC, AP, Unidad Nacional y partidos liberales rechazan la condición de derechistas para adoptar otras denominaciones menos desprestigiadas, como demócrata cristiano, social cristianos, o “centristas”, a secas.
De tal forma, en el Perú de hoy existe centro, izquierda y extrema izquierda; pero nadie se dice de derecha. “Fácil, entonces colguémosle el mote de candidata de los ricos y de los oligarcas a Lourdes Flores y siempre le ganaremos”, concluyó Alan García y demás compañeros. Y vaya si les dio resultado en 2001 y 2006, toda vez que para el electorado, peor que el candidato de derecha es el derechista disfrazado de centrista, el lobo disfrazado de oveja.
Pero, ¿qué son en verdad la izquierda y derecha?
La distinción entre izquierdas y derechas se aplicó, por primera vez en la Asamblea Constituyente francesa en 1972. El ala izquierda era ocupada por los radicales jacobinos y la derecha por los girondinos, que propugnaban un retorno a la monarquía. La izquierda revolucionaria, identificada bajo la proclama "Libertad, Igualdad y Fraternidad", culminó en un régimen de terror que sólo lograría detener el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte.
I. La izquierda
Con el transcurrir de las décadas, se incorporaron como movimientos “de izquierda” los diferentes socialismos -incluido el marxista-, que bajo las consignas de “igualdad” y “justicia social”, abogaban por un sistema en el que “la plusvalía”, o utilidades netas que obtienen las empresas, pasen directamente a manos de los trabajadores, acabando así con la patronal, clase social conformada por los dueños de los medios de producción.
Los socialismos totalitarios, bajo un régimen de partido único, que controla el aparato productivo, los medios de prensa y el destino que le deparará a cada uno de sus ciudadanos, acabando con las libertades individuales (como el que se practicó en la ex Unión Soviética y la actual Cuba), son el extremo de esta tendencia. Otros modelos socialistas, principalmente europeos (como Suecia o Dinamarca), enfocaron sus esfuerzos hacia los programas sociales hasta satisfacer “gratuitamente” todas las necesidades de salud, educación, ingresos salariales (seguros de desempleo), vivienda, etc. La manera de financiar tan costosos programas sociales es a través de enormes impuestos a la clase empresarial y trabajadora. Con ello la premisa redistributiva se cumple, aunque este modelo se torna imposible en el mundo subdesarrollado (existen, comparativamente, muy pocas empresas a las cuales cobrarles impuestos y reina la economía informal) . Aún así, estos países europeos se ven en enorme desventaja en el mundo globalizado, frente a naciones más competitivas, por los sobrecostos laborales y de operación de negocios, lo que los está llevando a replantear el modelo.
En los últimos años, la izquierda en Latinoamérica y el Perú se ha escindido en dos corrientes fácilmente distinguibles.
1. La izquierda estatista, anti-imperialista y nacionalista. Si bien ha dejado de lado el modelo marxista, sí busca implantar un socialismo sobre la base de un estado grande y que sea dueño de los medios de producción de materias primas, sobre todo energéticas, mineras, etc. Para el efecto, el gobierno utiliza la coacción o la expropiación para hacerse con dichos medios, a la par de implementar programas sociales, como alfabetización y salud, con los recursos que maneje. Maneja un discurso emotivo, en el que contrapone los intereses de Estados Unidos con la propia soberanía y dignidad, alegando que los “yanquis” buscan someterlos, invadirlos y hasta destruirlos. Nos referimos, claro está, a países como Cuba, Venezuela, Bolivia y, sólo hasta cierto punto, Argentina. El nacionalismo de Ollanta Humala, adscribe esta corriente en el Perú, aunque analistas como Aldo Mariátegui, sugieren que esta corriente está más cerca al fascismo, por su carácter, presuntamente, totalitario y patriotero.
2. Por otro lado, tenemos la
“nueva izquierda” o Tercera Vía, que ha moderado su discurso hasta ser aceptable por los sectores medios y altos del electorado. Hace sólo unas décadas este modelo hubiese sido considerado, sin miramientos, como de derecha, pues propugna una economía de libre mercado, receptor de inversiones, ofreciendo a cambio estabilidad, respeto a la propiedad, estabilidad jurídica. El estado se reserva un rol regulador y recaudador de impuestos para levantar una sólida infraestructura y dar marcha a importantes programas sociales. ¿Dónde está el izquierdismo entonces?, sobre todo en el énfasis que se le da al discurso populista, “en favor de los pobres” y a que mantiene la propiedad de empresas estratégicas. (este es el modelo que –en mayor o menor medida- se aplica en Chile. En la práctica este discurso populista resulta un lastre pues el estado resulta ineficiente –y sobre todo un pésimo administrador de recursos- para brindar servicios como Educación, Salud o seguridad, a la par de consumir ingentes recursos en “gasto corriente”, con lo que las obras de infraestructura se ven postergadas.
II. La derecha En el polo opuesto, la derecha ha sido vinculada a toda clase de sistemas de gobierno, monárquicos, conservadores, defensores del orden establecido, cristianos y de todo credo. La derecha ha llegado muchas veces (al igual que la izquierda) a extremos totalitarios, tales como el fascismo y el nazismo, o las dictaduras de derecha que capturaron el poder en Brasil, Argentina y Chile, en los sesenta, setenta y ochenta. Estos regímenes mostraban su desprecio por los derechos humanos de los opositores, a la par de garantizar la estabilidad y el orden para el ejercicio empresarial, nacional y extranjero. A continuación presentamos las corrientes de derecha más representativas en el Perú.
1. Derecha mercantilista. Responde a grupos de poder que incursionan en política para obtener “favores del estado”, como leyes, licitaciones, compras, concesiones, etc., bajo el paraguas de un libre mercado que resulta ficticio. Los sectores de izquierda achacan a toda la derecha este carácter aberrante de hacer política, cuando lo cierto es que los mercantilistas buscan “pactar” con el régimen de turno, cualquiera sea la posición que este tenga.
2. Moderados. También llamados
“neoliberales” por los sectores de izquierda. Enfatizan la necesidad de mantener la democracia, una economía sana, la promoción de la actividad exportadora, la privatización o concesión de las empresas públicas y la necesidad de moverse bajo un esquema de libre mercado y de atracción de inversiones. No obstante mantienen un estado regulador y glotón, que requiere ingentes recursos para cumplir (a medias) su función de dar educación, salud, seguridad y otros, descuidando el gasto en infraestructura. Este modelo tiende a la proliferación de normas y leyes que no se cumplen y a requerir siempre más y más recursos, para afrontar sus gastos sin llegar nunca a satisfacerlos. Ante esto, los neoliberales sostienen que “se está en la ruta correcta” y que “es cuestión de tiempo para que el modelo resulte”. Un ejemplo típico de este modelo es el quinquenio presidido por Alejandro Toledo (2001-2006) .
3. Liberales. Son muy pocos en el Perú. Inspirados en economistas de la escuela austriaca, como Ludwig Von Mises, o Friedich Hayeck, sostienen que el estado debe realizar únicamente las actividades inherentes al mismo. Estas son la Defensa Nacional, el Orden Interno, la construcción de infraestructura y garantizar un sólido aparato judicial. Creen que las leyes deben ser pocas, de carácter general y bajo esas reglas la empresa privada es libre para competir y generar riqueza. La clave de este modelo está en la rebaja sustancial de los impuestos (el estado achica su gasto corriente al abandonar actividades que no le son propias, como Educación, Salud) y la eliminación de los derechos y sobrecostos laborales, los que son fijados libremente entre empleadores y empleados. Aseguran que de esta manera se produciría al poco tiempo un shock de inversiones nacionales y extranjeras y las grandes corporaciones pondrían plantas en el Perú, con lo que disminuiría el desempleo, habría prosperidad general y todos podrían pagar por educarse o atenderse. Al ir contracorriente, los liberales son fuertemente satanizados por la izquierda y demás sectores de la derecha. Difícilmente puedan, en el mediano plazo, alcanzar los votos como para llegar a gobernar pues son fácilmente pulverizados por la izquierda al “denunciar” que los liberales desean acabar con la educación gratuita, la atención en salud gratuita, la estabilidad laboral, lo cual es tremendamente impopular en términos de votos.
4. Populismo autoritario. Partidaria del orden y de la “mano dura”, contra quienes atenten contra el mismo, ya sean estos delincuentes comunes, opositores, manifestantes, subversivos, etc. En la actual coyuntura suelen cuidarse de manifestar abiertamente estas ideas y reemplazan las viejas prácticas de los generales de antaño, por distribuir dádivas al electorado en un afán clientelista mientras se utilizan métodos “non sanctos” para mellar a la oposición. En lo económico oscilan entre una política mercantilista o neoliberal con altos índices de corrupción. Los gobiernos de Alberto Fujimori en Perú y de Carlos Menem en Argentina, son los más claros ejemplos de este tipo de gobierno. (Hugo Chávez en Venezuela mantiene un esquema similar, salvo el giro a la izquierda en lo económico).
III. El Centro.Término tanto o más difuso y ambiguo que los anteriores, pues toda la derecha y gran parte de la izquierda se reclama a sí misma como "centrista". No se contradice con ninguno de los modelos anteriores y constituye más un discurso que un esquema económico en sí mismo. En muchos casos son partidarios del "sí, pero no tanto". Es decir: "Estado sí, pero no tan grande", "privatizaciones sí, pero no siempre", "redistribución sí, pero respetando la propiedad y la estabilidad jurídica", "reformas sí, pero sin exagerar". Es decir son los tibios, los partidarios del justo medio.
… Continuará
Manuel Ramírez